Birroturismo: Tour de Geuze

Pocos estilos hay tan especiales como los de fermentación espontánea. Y dentro de estos, pocas cervezas hay que generen más partidarios o detractores que la familia de las Lambic. Desde las Lambic sin mezclar hasta las Gueuze, pasando por las cervezas con fruta y por las más comerciales Faro, todas ellas son definidas con calificativos que abarcan desde "cerveza podrida insalubre" hasta "maravilla gastronómica de primer orden". En la entrada que hoy nos ocupa hablaremos de una concentración de fanáticos de la cerveza ácida que se celebra de forma bianual desde hace 20 años: el Tour de Geuze. Tuvo lugar el fin de semana del 6 y 7 de mayo en el valle del río Senne, al sur de Bruselas, y pudimos asistir gracias a un viaje de prensa invitados por Visit Flanders y la oficina de Turismo de Bélgica: Flandes y Bruselas. .

Para entender bien el fenómeno Toer de Geuze, primero debemos hacer una pequeña retrospectiva. Hace 20 años, las cervezas de fermentación espontánea estaban al borde de la extinción. Eran elaboradas, literalmente, por seis chalados que vivían como podían. Estos seis chalados (los brewers y blenders de Boon, de Cam, de Troch, 3 Fonteinen, Timmermans y Lindemans) decidieron abrir un día (en octubre de 1997) sus puertas a los visitantes. Visitantes que eran escasos y mayormente belgas (por no decir totalmente belgas).

Decidieron repetir este evento cada dos años, dando así nacimiento a un Toer de Geuze que estuvo varias ediciones sobreviviendo en la penumbra cervecera. Como anécdota, Karel Goddeau de de Cam nos comentó que el año 2000 se pagaban 3€ por una botella de una de las mejores Geuze jamás creadas, la Millennium Geuze que elaboró junto a Armand Gaston de 3 Fonteinen. Pero como hemos podido ir apreciando desde hace unos diez años, con el boom del fenómeno craft, el mundo del Lambic ha crecido exponencialmente, y en 2015 el Toer de Geuze atrajo a 10.000 visitantes, obligando en cierta manera a los organizadores a alargar de uno a tres días la apertura de puertas este 2017.

Actualmente, participan en estas jornadas Boon, de Cam, de Troch, Hanssens, Lindemans, Mort Subite, Oud Beersel, Tilquin y Timmermans. Nuestra visita fue en autobús, organizada por HORAL (los mismos organizadores del Toer), y nos permitió visitar cuatro de estos lugares. Fue un día intenso, en el que durante siete horas y media bajamos el pH de nuestro organismo a base de cerveza ácida.

Nuestra primera parada fue en 3 Fonteinen. Allí Armand, el maestro cervecero e hijo del fundador de la casa, nos mostró el enorme espacio donde almacena las barricas llenas de Lambic de varios años, descansando pacientemente y esperando al momento de ser mezcladas. También fuimos invitados a un vaso de Lambic joven sin mezclar. Las hordas de turistas cerveceros se llevaban las cervezas a cajas -literalmente-, a precio de fábrica (esto es, unos 11€ por una botella de 75 cl. de Gueuze). Muchos pagaron sumas de tres cifras y mandaron, directamente desde allí, las botellas a sus casas a través de un distribuidor presente en la cita. Sin duda, una gran elección.

La segunda parada, en Lindemans, nos permitió ver la diferencia de volumen entre una y otra cervecería. Lindemans, con sus "dos líneas" de producto (por un lado las cervezas hechas a la antigua -oude- y por otra las endulzadas, más comerciales) abarcan un amplio espectro de consumidores, y esto se traduce en una enorme infraestructura. La justa para producir la nada desdeñable cantidad de 75.000 hl anuales. Probamos varias cervezas, entre ellas la HORAL Megablend de este año, que nos pareció una buena Gueuze pero no mejor que otras más corrientes y habituales.

La tercera parada fue en la Geuzestekerij De Cam. Esta vez el impacto fue inverso: pasamos de una enorme cervecera a una granja -más o menos- con una bodega pequeña y poca cosa más. Se hizo curioso ver como una marca tan reconocida dentro del universo Lambic dispone de unas instalaciones tan pequeñas. También que la totalidad de sus barricas eran viejos toneles de Pilsner Urquell, reducidos a base de limarlos por dentro para que así la madera aportara más carácter a la Lambic. Probamos la Lambic joven y dos más: una con melocotón y nectarina que encontramos deliciosa, y otra con arándanos que encontramos excesiva, con un intensísimo sabor a cuero, tabaco, humo y cuadra. Quizá la visita más "auténtica", por la cercanía con el proceso y el cervecero.

Finalmente, paramos en Tilquin. Igual que en la visita anterior, Tilquin recibe mosto de otras cerveceras (no lo elaboran ellos) y se dedica a envejecerlo y mezclarlo. Nos sorprendió la meticulosidad de su maestro cervecero Pierre, que hasta añade tubitos de PVC a la salida de las botas para que la espuma no las "ensucie". Ahí pudimos probar el mayor número de cervezas, 6. Aunque debemos reconocer que tras tanto tute (y acidez), se nos hacía algo difícil apreciar debidamente los matices.

Tras esta última visita, el autobús nos dejó en la estación. Cabe destacar que el precio del tour en autobús es de 15€, y que la entrada a cada cervecera es gratuita. Por si fuese poco, los cerveceros nos suelen recibir e invitarnos a cerveza mientras nos explican todo tipo de anécdotas e historias. Es chocante un trato directo, tan cercano, en un mundo tan elitista, lleno de postureo y de cervezas desorbitadamente caras -en distribución, no en la propia casa- como es el de las Lambic. Sorprende y alegra enormemente. Esperemos que sigan en esta línea, sin generar ninguna burbuja, trabajando con humildad. Mientras así sea, no podemos hacer más que recomendar, en un par de años, asistir al Toer de Geuze 2019. Reservad plaza con antelación y preparad el Almax, eso sí.

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